lunes, 5 de agosto de 2019


Bartolina Gerónimo Fermín
Para construir una ciudadanía participativa es necesario distinguir los siguientes modelos de ciudadanía: Ciudadanía Asistida y Ciudadanía Emancipada. Una Ciudadanía Asistida es un enfoque que aborda el fenómeno de la exclusión con la perspectiva de la asistencia que busca atender a los más golpeados por la forma de funcionamiento de la sociedad. Según Bustello 2000; Duschalsky,2005 algunas características personales y valorativa que posee la ciudadanía asistida son: Escaso espíritu emprendedor, pasividad, inacción, falta de capacidad para auto organizarse. Por lo que es necesario ser asistido para lograr su desarrollo. Para esta construcción es necesario implementar unas series de estrategias que puedan dar idea esencial a este proceso de realización, como: Implementar un conjunto de programa sociales que orienten a atender las carencias materiales de los grupos con necesidades básicas insatisfechas, atender los aspectos psicosociales de la población, promover la solidaridad entre pares, elevar la autoestima como modo de elevar el capital social y los procesos de empoderamiento de los agentes, instalación de prácticas sociales, productivas y culturales.
Cada una de estas estrategias focalizan el incremento del capital social para la resolución de necesidades sentidas a través de acciones que ayuden a pasar de marginalidad a pobreza digna, enfatizando la solidaridad entre iguales. Marx, Gramsci, Habermas entiende que una construcción democrática autónoma y libre abarca tres dimensiones muy importantes: La pertenencia a una comunidad política que contenga idea fuerte de un nosotros, expansión y garantía de igualdad de posibilidades sociales, económica para una vida digna emancipada, contribuir a la vida pública de la comunidad a través de la participación. Los procesos de constitución de la ciudadanía se entrelazan con la participación legítima de los involucrados a partir del desarrollo de la propia práctica de proyecto de acción emancipadora y transformador de sujeto y de la realidad que lo constituye. Para Paulo Freire los procesos de humanización en el que el hombre se realiza como tal, constituyen una búsqueda permanente e inacabable de la integridad humana, de modo específico, a través de procesos crecientes de concientización.
Además, se concibe que la escuela no es un espacio indiferente sino una institución destinada a asumir la práctica pedagógica como una actividad política que desde este ámbito fije su función asistiendo el accionar comunitario y asumiendo la responsabilidad social de su contexto, constituyéndose así en un ámbito privilegiado de reflexión pública, construcción de ciudadanía y generación de transformaciones sociales. Una ciudadanía emancipada es en donde la participación de todos los actores es fundamental en donde la inclusión y la acción colectiva en torno a la generación de condiciones apropiadas para todos, garantiza el posicionamiento y empoderamiento de las personas en la garantía de sus derechos. La idea de formación del ciudadano se centra en proceso normalizador de un orden social vigente, funcional a la democracia representativa y la economía de mercado.
Del mismo modo se identifican tres dimensiones básicas de participación activa: El ser parte: (identidad), el tener parte:(deberes y derechos), el tomar parte: (logros) Por tanto, para la construcción de ciudadanía la participación ciudadana es una herramienta principal de dicha construcción en donde la escuela tiene un rol fundamental que cumplir, abriendo espacio positivo de participación desde diferentes perspectiva o posibilidades para avanzar democráticamente en el logro de una mejor calidad de vida en la comunidad, tanto en el  ámbitos, social, económico, educativo y cultural, de manera que las instituciones escolares  orienten el accionar de todos los actores de la comunidad.



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